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RECUPERAR LA LUZ

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Hace algún tiempo tuve la fortuna de caer gravemente enferma. El tesoro de conocimientos y experiencia vital que me ha reportado esa vivencia bien vale sus riesgos. Lo siento tal cual. Para haber llegado a este claro convencimiento ha sido…

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Editorial

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Hay existencias

EAN: 9788493450700

Categorías:Arte / FOTOGRAFIA / Etiquetas:Fotografía / Luz /

Descripción

Hace algún tiempo tuve la fortuna de caer gravemente enferma. El tesoro de conocimientos y experiencia vital que me ha reportado esa vivencia bien vale sus riesgos. Lo siento tal cual. Para haber llegado a este claro convencimiento ha sido determinante en mi opinión el modo en que viví la experiencia de enfermedad. No sé si lo que nos acontece sucede por una mera concatenación de azares o si bien media una necesidad que justifica todo lo que ocurre. Si sé que a partir de aquel día en que se paró el tiempo medido, todo ha sucedido como si no pudiera ser de otro modo. Todo comenzó cuando, recién estrenada en mi condición de paciente hospitalaria, apareció en mi habitación un tipo de aspecto peculiar. Tras presentarse como mi médico y comunicarme que se me iba a aplicar determinado protocolo de tratamiento quimioterápico, utilizó pocas palabras para hacerme saber que me hallaba al otro lado del espejo. No he aclarado que aquel tipo –que obviamente era Carlos- no venía solo. Le acompañaba, colgada de su cuello y reposando sobre la bata, una cámara fotográfica, un cíclope dispuesto a hacer de notario del reto que se me planteaba. La idea era reflejar mis sensaciones a través de fotografías a lo largo de mi estancia allí; también fotografiaríamos cada vez mi rostro, como un modo de no olvidar mi identidad a pesar de los cambios físicos que pudiera experimentar mi aspecto durante el proceso. Así comenzó todo, casi como un juego. Uno de cada dos días, buscaba en el reducido entorno una imagen que simbolizara lo que ocurría dentro de mí. Sin haber visto el resultado impreso, la imagen quedaba negativizada en mi mente, para acabar revelándose en forma de líneas escritas que escapaban de mis dedos como si el suceso de apretar el botón de la cámara hubiera puesto en marcha un mecanismo imparable. Carlos puso en mis manos una forma de mirar para mí nueva –la fotografía- y esta, de forma casi instintiva, se alió con mi otra voz: la palabra escrita, brindando al revoltijo de pensamientos, miedos e inquietudes que bullía dentro de mí un “canal” (¿otra casualidad?) para fluir. El resultado está en sus manos y en las frases que dan inicio a este texto.

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