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HOMBRE QUE AMABA A LOS NIÑOS, EL

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Muchas novelas sumergen al lector en una espiral de desdichas para aliviarle luego con un desenlace venturoso, con un final en que los azares favorables se armonizan para imponerse al caos que implica el infortunio. Es el esquema asimétric…

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EAN: 9788415297154

Categorías:Literatura / NOVELA / Etiquetas:Esposos y esposas / Familias / Novela australiana /

Descripción

Muchas novelas sumergen al lector en una espiral de desdichas para aliviarle luego con un desenlace venturoso, con un final en que los azares favorables se armonizan para imponerse al caos que implica el infortunio. Es el esquema asimétrico -y a veces demasiado optimista- de buena parte de la novelística decimonónica, de casi todas las novelas románticas de kiosco y de la mayoría de los cuentos de hadas.Me temo que esta novela es cualquier cosa menos un cuento de hadas. SamyHenny Pollit tienenmuchos niños, poco dinero y se odian demasiado entre sí.Cuando Samutiliza, para alimentar la voracidad de su ego, la veneración que sienten sus hijos por él,Henny lo observa con sombría desesperación, consciente de la amarga realidad que subyace a sus locas visiones. Escalofriante novela de la vida familiar, de la relación entre padres e hijos, maridos y esposas, que publica por primera vez, en 1940, la editorial neoyorquina Simon &amp; Schuster. Según detalla su biógrafa Hazle Rowley, la autora trasladó la acción a Estados Unidos ante la insistencia de sus editores, que no eran optimistas con respecto a la posibilidad de que los lectores norteamericanos dispensaran demasiado entusiasmo a una historia ambientada en la remota Australia, como era la intención inicial. A pesar de esa traslación del escenario, la novela pasó desapercibida para el público. El libro tuvo una segunda oportunidad en 1965, cuando se reeditó con un extenso y meticuloso prólogo del poeta y crítico Randall Jarrel en el que se pregunta cómo una obra tan alejada tal vez de nuestra propia experiencia puede acabar resultando tan cercana a una nuestra experiencia de la infancia, ese territorio natural del desvalimiento. En la actualidad, El hombre que amaba a los niños está reconocida como un clásico contemporáneo. Dispóngase el lector, en fin, a saborear un trago fuerte. Y amargo.

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